Cuando la lactancia materna no sale como se esperaba y hay que recurrir al biberón, muchas madres sienten una culpa desproporcionada — alimentada, muchas veces, por comentarios externos que ni siquiera pretenden hacer daño pero lo hacen.
De dónde viene esa culpa
Hay mucha presión social, a veces bienintencionada, alrededor de "lo mejor para el bebé", que ignora que a veces la lactancia no funciona por motivos médicos, de producción, o simplemente porque la madre decide que no quiere seguir así. Ninguna de esas razones necesita justificación.
Tu papel como escudo
- Cortar los comentarios no pedidos con educación pero con firmeza: "Ha sido nuestra decisión y estamos bien con ella"
- No dejar que la conversación se alargue si ves que le está incomodando
- Recordarle, en privado, que dar el biberón no la hace peor madre
Lo que nunca ayuda
Comparar con otras madres, sacar estadísticas de lo "mejor" que es la lactancia materna en ese momento, o quedarte callado cuando un familiar hace un comentario hiriente delante de ella. El silencio, en ese momento, también comunica algo.
El biberón también es vínculo
Dar el biberón, además, es una oportunidad estupenda para que tú también alimentes al bebé y construyas ese vínculo directo — algo que con la lactancia exclusiva no siempre es posible.