Uno de los conceptos que más se malentiende de la crianza respetuosa es "validar las emociones". Se suele confundir con estar de acuerdo con el niño, o con la obligación de solucionar lo que le molesta. Ninguna de las dos cosas es correcta.
Qué es validar, en realidad
Validar significa reconocer que la emoción que siente el niño es real y tiene sentido para él, sin que eso implique estar de acuerdo con su conducta ni resolver la causa del disgusto.
Un ejemplo concreto
Si se enfada porque no puede comer chuches antes de cenar: "entiendo que te apetezcan y te frustre que ahora no toque" valida la emoción. Eso no significa darle las chuches, ni significa que "tenga razón" en su enfado — solo que su frustración es comprensible.
Por qué esta diferencia importa
- Sin validar, el niño aprende que sus emociones "no cuentan" o son excesivas
- Confundiendo validar con ceder, se pierde la capacidad de sostener límites
- Validar y mantener el límite a la vez es lo que enseña que las emociones son aceptables, aunque la respuesta a ellas tenga un límite
Frases que ayudan a practicarlo
- "Veo que esto te ha enfadado mucho"
- "Tiene sentido que te sientas así"
- "No hace falta que dejes de sentirte triste, solo vamos a seguir con el plan"
No hace falta acertar siempre con la palabra exacta
El tono y la intención de acompañar pesan más que encontrar la frase perfecta cada vez. Con la práctica, sale cada vez con más naturalidad.