Los cólicos del lactante afectan a una parte importante de los bebés en sus primeros meses, típicamente con llanto intenso al final de la tarde o por la noche, sin una causa médica identificable. Suelen mejorar solos a partir del tercer o cuarto mes.
Cómo reconocerlos
Llanto intenso y difícil de calmar, piernas encogidas hacia el abdomen, cara enrojecida, tripa a veces algo hinchada. Ocurre en un bebé que, por lo demás, está sano y gana peso con normalidad.
Técnicas que suelen ayudar
- Posición boca abajo sobre el antebrazo ("posición del tigre en el árbol"), con la cabeza apoyada en tu mano
- Movimiento suave y constante: mecer, pasear, incluso el coche a veces funciona
- Sonido blanco: el secador, la aspiradora o ruido similar calma a algunos bebés
- Masaje abdominal en sentido de las agujas del reloj, si el pediatra lo aconseja
Turnaos, de verdad
Los cólicos agotan emocionalmente a quien los sostiene. Turnaos cada 20-30 minutos si es posible — nadie aguanta bien un cólico entero sin relevo.
Cuándo consultar al pediatra
Si el llanto se acompaña de fiebre, vómitos, sangre en las heces, o el bebé no gana peso con normalidad, no es un cólico típico y hay que consultar. También si el llanto os supera emocionalmente — pedir ayuda no es rendirse.