Lo piensas en la ducha, en el coche, a las tres de la mañana: "¿y si no valgo para esto?". No es debilidad ni falta de ganas, es el síndrome del impostor, y en la paternidad aparece con más frecuencia de la que se admite en voz alta.
Qué es exactamente
El síndrome del impostor es la sensación persistente de que no mereces el rol que ocupas, aunque objetivamente lo estés haciendo bien. En la paternidad se traduce en pensar que cualquier otro padre lo haría mejor, o que en cualquier momento se va a "notar" que no sabes lo que haces.
Por qué es tan frecuente en los primeros meses
Nadie te entrena para ser padre. No hay examen, ni prácticas, ni un manual único. Aprendes sobre la marcha, con un bebé real delante que no perdona errores de principiante. Es lógico que la falta de experiencia se sienta como falta de capacidad, aunque no sean lo mismo. Esto conecta directamente con por qué al principio cuesta sentirte padre: la identidad de padre se construye con el tiempo, no llega instalada de fábrica.
Cómo bajarle el volumen a esa voz
- Habla de ello con otro padre, aunque sea incómodo al principio. Descubrirás que casi todos han pensado lo mismo.
- Sustituye "no sé lo que hago" por "estoy aprendiendo", que es literalmente lo que está pasando.
- Celebra los aciertos pequeños del día a día en lugar de medirte solo por los fallos.
La comparación es el enemigo
Las redes sociales muestran la versión editada de la paternidad de otros. Nadie sube el vídeo de las tres de la madrugada intentando calmar un llanto que no cesa. Compararte con ese contenido es compararte con una versión que no existe.