Es fácil pensar que, al ser padre, las aficiones propias tienen que desaparecer casi del todo. En realidad, no es tanto eliminarlas como adaptarlas a los ratos disponibles.
Adapta el formato, no elimines la afición
- Videojuegos: sesiones cortas en lugar de partidas largas; juegos que se puedan pausar fácilmente
- Lectura: el móvil o un e-reader durante tomas nocturnas o esperas, en lugar de esperar a tener una tarde libre para un libro físico
- Deporte: entrenamientos cortos en casa o cerca, como se comenta en hacer las paces con el cuerpo de padre
Negociad turnos de afición, no solo de tareas
Igual que os repartís turnos de sueño o de tareas del bebé, podéis acordar turnos de tiempo de afición para cada uno. Así no depende de la buena suerte del día, sino de un acuerdo claro.
No sientas que tienes que justificarlo
Mantener aficiones propias no te hace menos padre. Es parte de sostener tu identidad más allá de la crianza, algo que a la larga beneficia también a cómo estás presente con tu familia.
Es una fase de menos, no de nunca
El tiempo disponible para aficiones suele ampliarse poco a poco a medida que el bebé crece. No es una renuncia definitiva, es una reducción temporal.