Es habitual que, en ciertas etapas, el niño muestre una preferencia intensa por uno de los progenitores (normalmente la madre) para consolarse, dormir o calmarse. Puede doler un poco, pero no significa rechazo hacia el padre.
Por qué pasa
Puede deberse a quién ha sido la figura de apego principal en ciertos momentos (lactancia, cuidados nocturnos), a fases normales de desarrollo del apego, o simplemente a preferencias puntuales que cambian con el tiempo.
Cómo gestionarlo sin frustrarte
- No lo tomes como rechazo personal — es una fase, no una sentencia sobre vuestra relación
- Sigue estando presente y disponible, aunque en ese momento no seas quien lo calma
- Busca momentos específicos donde tú seas la referencia (un juego concreto, una rutina que hagáis solo vosotros dos)
No fuerces la situación en el pico de la crisis
Insistir en consolarlo tú cuando está desbordado y solo quiere a mamá suele alargar el llanto. A veces lo mejor es ceder el turno en ese momento puntual y buscar vuestro vínculo en otros momentos del día.
Suele equilibrarse con el tiempo
Estas preferencias tienden a fluctuar y equilibrarse a medida que el niño crece y el vínculo con ambos progenitores se consolida por igual.